Ha muerto Pancho. Es parte de la historia de esta diócesis de Minas, de la Iglesia de Minas, la Iglesia de Cristo Jesús. Cuando Francisco Barbosa se vió públicamente envuelto en el escándalo que llevó a su renuncia, aceptada por el papa Benedicto XVI, mi padre se presentó a las autoridades parroquiales de “la Catedral” y propuso desde su corazón ocurrente y personalísimo: ¿y si manifestamos haciendo con papel y cartón unas “piedras”, las dejamos allí en la vereda del Obispado para decirle al pueblo, al obispo, al que pase: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”? Yo antes le había aconsejado que no, que los medios nacionales y del mundo estarían allí por la trascendencia del hecho en esos días y no sé que otros argumentos muy sensatos… Tiempo después supe que la idea no encontró eco pero si gratitud, porque en un momento como aquel: ¿qué hacer? , ¿qué haría el obispo?, ¿qué los creyentes de Minas?. Un gesto siempre puede ser incomprendido pero vale más que la nada. Tiempo después me enteré que en Minas había una cadena perpetua de oración que a las 15 hs. de cada día recordaba al obispo emérito. Él, en España, lo supo mas tarde. Hoy rezamos por él, sabemos que en su Providencia amorosa todo ha sucedido para el bien de los que aman a Dios (Rm. 8,28). ¿Juzgar nosotros? El que se sienta seguro, cuídese de no caer (1 Cor. 10, 12). Son palabras bíblicas que en cuantos hemos conocido al que para nosotros fue obispo y con nosotros fue cristiano (San Agustín, Sermón 340,1), adquieren una delicada emoción. Que descanses, estimado hermano. Perdónanos si no supimos acompañarte mejor.
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