El hábito no hace al monje; en Uruguay, no lo ayuda.
Liceo público uruguayo, materia: filosofía, docente, señor de unos 60 años, alegre pero reservado, meticuloso y hasta cierto punto demasiado proclive a las preguntas, a los debates interminables que despiertan de vez en cuando un: “profe: ¡díganos qué quiere que pongamos en la prueba y tà!” mas fruto de la ansiedad por el recreo que del hastío del que no sabe para qué le sirve aquello.
“Profesor: ¿Usted además traba ja de portero?” Negativo, pero la pregunta no es para nada inocente: cada mañana el misterioso profesor llega a su “escritorio personal” y deposita en el unas diez llaves de su hermoso llavero de guasca que hacen un ruido característico ya familiar a sus alumnos que lo aprecian y a sus compañeros que lo cachan muy seguido en sala de profesores: “¿A quién dejaste encargado en el Motel?” (Otro nivel de relaciones entre docentes).
Mas entrado el año lectivo: “Profe: ¿Usted es casado?” Lacónico “no” por respuesta y una mirada general al grupo de alumnos por que al docente le gusta que le pregunten, porque sabe que se enseña por el afecto y que los muchachos aprenden lo que quieren, ¡eso!, lo que quieren, interprétese. El drama es que el señor ¡usa alianza!
Termina el año, en noviembre el profesor había faltado quince días por razones particulares, pero se filtró que tenía un congreso de ¿…? en Medellín, Colombia. Regresó a clases con nuevas preguntas para el cierre del año curricular no sin debatir sobre el valor de lo político y lo filosófico en el problema educativo del “PRO-MEJORA” sobre el que los alumnos no habían hablado ni en historia ni en sociología, ni menos en la asociación de estudiantes que ya no existe…
Último día de clases: “Bueno, gurises, ahora que dejan el liceo y ya no nos vamos a ver en estos salones creo que es justo que les responda esas preguntas que ustedes me han hecho a lo largo del año y que no creí conveniente responder antes. No soy portero, soy encargado de una parroquia con muchos salones de catequesis, escuela taller del barrio, los Alcohólicos Anónimos y otros grupos. No estoy casado por que soy sacerdote y la alianza me la regalaron el día de la ordenación sacerdotal los del grupo de catequesis especial de la capilla de la Colonia Etchepare por que entendieron que aquello era un compromiso casi “matrimonial”. El congreso de Medellín era sobre los cuarenta años del Documento “Educación en el futuro de América Latina” que promulgó Su Santidad el Papa Pablo VI…”
Esta vez el Padre Camilo no pudo terminar y el debate no se armó vaya uno a saber por qué (aunque yo creo que se puede saber).
“Paah!! ¿Es cura nomás?” dijo azorada la alumna Espósito.
La clase fue un silencio casi ¡religioso!, solo quebrado por la voz del mas problemático de aquellos alumnos: “Entonces ¿Cómo pudimos llevarnos tan bien?”